Experiencias personales ejemplifican el compromiso de HISD de reconstruir e innovar

‘ESTEMOS DONDE ESTEMOS, SIEMPRE SOMOS ROBINSON’

Si hay una persona capaz de encontrar algo positivo en medio de la devastación causada por el huracán Harvey, esa persona es la directora de la Escuela Primaria Robinson Paige Fernández-Hohos. Con las instalaciones de la escuela inundadas bajo más de un pie de agua, fue necesario que los estudiantes asistieran a clases divididos entre dos escuelas cercanas. Ante una situación tan irregular, la directora decidió hacer todo lo que pudiera para dar a sus estudiantes una sensación de normalidad. Salones y pasillos vacíos cobraron vida con decoraciones; el espacio de auditorios y gimnasios se transformó en acogedores salones de clases para los estudiantes desplazados; y Fernández-Hohos iba y venía entre una escuela y otra. Si comenzaba el día recibiendo a sus estudiantes en una escuela, lo cerraba despidiendo a los que estaban en la otra. Para esta directora, era muy importante que todas las clases la vieran todos los días. En enero, los estudiantes de Robinson pudieron regresar a su plantel, y Fernández-Hohos dice que la tormenta le enseñó una valiosa lección sobre el espíritu de su escuela: “Cuando se quita todo, lo único que queda es el vínculo que hay entre los maestros y los alumnos. Podríamos estar en cualquier lugar, y todavía seríamos Robinson”.

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Alimentando familias tras un devastador huracán

Betti Wiggins —todos la llaman Ms. Betti— emana la calidez familiar de una tía predilecta o una amiga del alma. Pero detrás de esa actitud amable y gentil hay una fuerza increíble, una fuerza con la que enfrenta una catástrofe como el huracán Harvey haciendo lo que sabe hacer como nadie: alimentar familias. Wiggins, gerente de Servicios de Nutrición de HISD, impulsó la iniciativa de servir desayuno, almuerzo y cena a la comunidad de Houston en nueve sitios de la ciudad después de la tormenta. Cuando las escuelas volvieron a abrir sus puertas, ella se cercioró de que los estudiantes pudieran comer gratis todo el año para alivianar la carga de las familias que están reconstruyendo su vida. Las escuelas de algunos de los vecindarios más dañados agregaron un programa de cena para que los estudiantes reciban tres comidas calientes todos los días. Y Wiggins tiene mucho trabajo por delante. Ella y su equipo están forjando relaciones con agricultores, chefs y organizaciones comunitarias locales, elevando a un nuevo nivel su labor de servir comidas escolares. Wiggins ha sido ganadora del permio James Beard y es pionera de la alimentación saludable en las escuelas. Ahora también es héroe de Harvey.

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Recursos para sanar el trauma causado por Harvey

Cuando toca el timbre en la Escuela Secundaria Welch, la enfermera Stephanie Carter recorre los pasillos vigilando a los estudiantes mientras van de un salón a otro. “¿Cómo estás? ¿Cómo va todo hoy?” A veces alcanza a ver el semblante preocupado de algún estudiante. Otras veces, Carter busca a estudiantes que ella sabe que necesitan un poquito más de atención, por ejemplo, dos hermanos de la zona oeste de Houston desplazados por el huracán Harvey. “Para los niños, pasar por la experiencia de un trauma es diferente”, dice Carter. “A veces no se notan señales de angustia o preocupación hasta semanas e incluso meses más tarde”. Después de Harvey, el personal de HISD recibió capacitación para detectar señales de trauma y servir de recurso a las familias que están recuperándose de la tormenta. Con la ayuda del Departamento de Servicios de Salud y Atención Médica de HISD, Carter consiguió equipo médico para un estudiante cuya casa se inundó, aconsejó sobre vacunas adecuadas para la exposición al agua contaminada, y conectó familias con organizaciones comunitarias para ayudarlas a reconstruir lo que el huracán destruyó. Hoy, cuando Carter ve a los dos hermanos, ellos se acercan a saludarla con un abrazo. Es una recompensa pequeña pero gratificante por un trabajo bien hecho.

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Reconstruyendo con la ayuda de la comunidad

La peor pesadilla de un maestro es recibir a sus alumnos el primer de clases en un salón con las paredes desprovistas y un mínimo de útiles escolares. Pero esa fue la realidad para Shameka Provost, maestra principiante, después de que la inundación causada por el huracán Harvey devastara su casa y arruinara los materiales escolares que ella había acumulado y guardado allí. Si bien Provost aún está tratando de componer su vida, el salón de clases ya está como nuevo gracias a la Fundación HISD. Provost es una de alrededor de 140 maestros que recibieron subvenciones de hasta $1.500 de un fondo de $180.000 destinado a ayudar a los maestros que tuvieron que recrear sus salones de clases y reemplazar lo perdido en la tormenta. Ahora, seis meses después del huracán, es fascinante verla instruir a sus alumnos de cuarto grado sobre la importancia de la comunidad, mientras ellos comparten papel, pegamento y marcadores para crear mapas de lectura. La experiencia no solo ha enseñado resiliencia a Provost, sino que les ha impartido a sus alumnos una lección sobre la importancia de unirse en los momentos más difíciles para ayudar a quienes lo necesitan.

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Proyecto de arte resulta en mensaje de esperanza

“Tus sueños no se han arruinado, solo necesitan tiempo para secarse”, dijo Olivia Scott, alumna de octavo grado de la Escuela Secundaria Pin Oak. Su casa escapó a la devastación del huracán Harvey; pero su maestra de arte, Cindy Sather, no fue tan afortunada como ella. La casa de Sather, ubicada en Meyerland, sí se inundó. Por eso, cuando Sather se enteró del Proyecto aDOORe, supo que era la terapia que ella, y sus alumnos, necesitaban. Mediante este proyecto, cada comunidad escolar afectada por Harvey recibió puertas dañadas por la tormenta para usarlas como base para un trabajo de arte. Más de 8.500 estudiantes documentaron visualmente el efecto que la tormenta tuvo en su vida. En la puerta de Scott, “Drying Dreams” están representados un traje espacial, un jersey de los Astros, un delantal de chef, un vestido de novia, un birrete de graduado, zapatillas de ballet, y un estetoscopio, todos colgados en un tendedero. Scott ayudó a una familia a rescatar fotografías y otros objetos tendiéndolos a secar. “Aunque el agua arruina las cosas, eso no tiene que ser el fin de tus sueños”, dice Scott. “Se me ocurrió que la idea de poner a secar tus sueños era una buena metáfora para no perder la perspectiva de las cosas”.

Espacios modernos para clases de cocina del siglo XXI

Cuando imparte sus clases de artes culinarias en la Escuela Preparatoria Milby, el profesor Carlos Ramos no se limita a enseñar a cocinar. Él prepara a sus alumnos para ganarse la vida en la industria de restaurantes. Ramos tiene la oportunidad de darle un nuevo giro a la enseñanza de artes culinarias gracias al innovador espacio de cocina y restaurante de la nueva Preparatoria Milby, que fue reconstruida en el marco del Programa de Bonos de 2012. En lugar de simplemente preparar y servir comida, los estudiantes manejan un restaurante —el único de HISD— y de ese modo van adquiriendo experiencia de la vida real. A los alumnos se les asignan tareas de la misma manera que en un restaurante comercial. Los estudiantes elaboran el plato principal, reciben a los clientes, les sirven la comida, y hacen inventario de los alimentos almacenados en las cámaras frigoríficas. Los espacios tienen doble función: las mesas de preparación de comida se usan también para dar clases a grupos pequeños de estudiantes, mientras que el comedor, decorado al estilo de la década de 1950 y equipado con proyectores y pizarras inteligentes, se puede transformar en sala de presentaciones. Ramos comenta que manejar un restaurante implica mucho más que cocinar, y él imparte lecciones prácticas que formarán en la industria a generaciones de estudiantes.

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Cultivar la pasión por las bellas artes

“Me encanta bailar porque me hace sentir poderoso”, dice Jesús Juárez, alumno junior de la Escuela Preparatoria Northside. Él estudia todo tipo de danzas, pero es bailando jazz que su personalidad brilla con toda su intensidad, dijo la instructora Sandra Reyna-Urbina: “Jesús baila con tanta pasión que uno no le puede quitar los ojos de encima”. Juárez siempre se ha dedicado a las artes, empezando con sus clases de coro en la primaria, y su participación en teatro en la secundaria. Y después de ver una actuación del equipo de bastoneras y marcha sincronizada Northside Pantherettes, supo que la danza sería su próximo paso. HISD quiere fomentar esa pasión por las artes en todos sus estudiantes bajo la guía de su nuevo Departamento de Bellas Artes K-12. La exposición a las artes no solo mejora el rendimiento académico y la asistencia escolar, sino que ayuda a los estudiantes a desarrollar lenguaje no verbal que les permite comunicarse de manera más eficaz. El verano pasado, Reyna-Urbina llevó a Juárez y a otros 11 estudiantes a la ciudad de Nueva York a tomar clases de danza y ver un espectáculo en Broadway. Fue entonces que Juárez vio las posibilidades de una carrera artística: “Llegado el momento, quiero mudarme a Nueva York para ser bailarín profesional”.

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Innovación, aprendizaje basado en proyectos impulsan la pasión por la robótica

Para Michael Sánchez, de dieciséis años, la presión de un ritmo intenso es motivadora y productiva. Cuando empieza a hablar de su participación en el equipo de robótica de la Escuela Preparatoria Técnica de Energía, da la impresión de que es un corredor del circuito NASCAR. Sánchez “maneja” un robot diseñado por él y 30 compañeros de clase, y el año pasado lograron el segundo lugar en un concurso nacional en el cual compitieron casi 7.000 equipos de más de 30 países. Este año, han dedicado horas a colaborar para encontrar patrocinadores, recaudar fondos y construir su más reciente creación con ayuda de dos exingenieros de la NASA. La experiencia es comparable a trabajar en un proyecto del ámbito empresarial. De hecho, eso es lo que experimentan todos los estudiantes de clases innovadoras de HISD basadas en proyectos donde ellos aprenden con actividades prácticas, investigando y resolviendo problemas. Sánchez dice que los proyectos le han planteado retos y lo han motivado, y que lo ayudaron a descubrir una pasión por la robótica que él nunca supo que existía. Para la competencia de este año, Sánchez ha puesto la mira en el premio mayor.

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Coordinadora de servicios integrados atiende necesidades fuera del aula

En el trabajo de Wagma Isaqzoy no hay un día igual a otro. Un día podría estar distribuyendo ropa de abrigo durante un frente frío, y en otra ocasión la podríamos encontrar colaborando con una agencia sin fines de lucro en la organización de un taller de arte terapéutico para estudiantes. En calidad de coordinadora de servicios integrados asignada a la Escuela Preparatoria Wisdom, ella asiste a estudiantes que han llegado de todas partes del mundo a una escuela donde hoy por hoy se hablan más de 40 idiomas. Su labor es ayudarlos a abrirse camino en su nuevo país. Pero no hay que dejarse engañar por la voz serena de Isaqzoy, quien se mudó a Estados Unidos hace tan solo tres años y se autodefine como defensora de estudiantes recién llegados, ya que ella realiza su trabajo con gran pasión y esfuerzo. Ella dice que la mayoría de los alumnos de Wisdom tienen dificultades no solamente con el trabajo escolar, sino también con necesidades vitales como la vivienda, el alimento y la atención médica, además de posibles problemas de autoestima e incluso renuencia a confiar en los demás. Isaqzoy es parte de una iniciativa del distrito llamada En cada escuela En cada comunidad, que ya se ha instalado en más de 40 escuelas para responder a dificultades no académicas que interfieren con el aprendizaje. Independientemente de lo que el día le traiga, Isaqzoy conoce bien su misión: lograr que los estudiantes puedan dejar sus preocupaciones fuera del aula.

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Descubriendo un camino a la universidad de la mano de una dedicada mentora

Carlos Soriano, alumno senior de la Escuela Preparatoria Westside, nunca podría haber soñado con un futuro en el que sería estudiante universitario. De niño, en El Salvador, se esforzaba por aprender en una escuela superpoblada donde asistía a clases en salones que no tenían capacidad suficiente para todos los alumnos. El aprendizaje duraba medio día, y luego regresaba a su casa en un transporte colectivo improvisado. Hoy, este joven de hablar suave y pausado, siente gran apreciación por la oportunidad que ha tenido en HISD. Con un encomiable GPA de 4.56, clasificado en la posición 29 de 621, y habiendo logrado colocarse dentro del 5% de mejor rendimiento de su generación estudiantil, Soriano ha llegado lejos. Y estos logros son aun mayores si tenemos en cuenta que cuando llega a su casa después de la escuela él tiene la responsabilidad de cuidar a su hermano de 3 años para que su madre pueda trabajar. Soriano agradece a su consejera para los estudios universitarios por haberlo motivado y guiado. Ella lo ayudó para que entregara a tiempo sus ensayos de presentación y solicitudes de ingreso a programas de ingeniería de UT, A&M, UH, la Universidad de Colorado y Virginia Tech. Ahora, en su último año de escuela tras haber llegado a Estados Unidos a los 9 años, Soriano puede imaginarse las posibilidades de una educación universitaria.

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